
Sentí cuánto mi frío, gracias a tus palmas tibias.
Las teclas blancas se hundían solas
por alguna inteligencia…
Una pieza legendaria se tocaba junto a nosotros…
La melodía comenzó a mecernos las bocas y las manos
hacia el cuerpo opuesto.
Entre susurros…
vi la cortina amarilla y el cuadro de rayas verdes,
en un espejo tus pies sobre las lozas,
tres muebles como testigos.
Tu espalda se recostó sobre el lomo del piano incansable.
Mil besos bajo tu ombligo.
Enmarañas de pelo.
Firmeza en el aprieto.
La lumbre de una vela ilumina nuestros rostros…
La timidez se debilita,
hasta carecer de su fuerza…
Inspirado por… y Dedicado a… N. L. N.
1 comentario
Mayo 9, 2009 a las 12:14 am
Hermoso, delicado!!!!