
XXIV
Cobijado a la sombra de una palmera pequeña
el viento me silba tu nombre con calidez y salitre.
Observo una mariposa que se posa en la punta de una palma,
e imagino que un pececito emerge para verla.
Envidio los besos de las huellas a la orilla,
y la humedad que deja las olas en la costa.
Una gaviota se desplaza en el horizonte y
dos palomas a mis pies buscan
un pedazo de vida, como yo tu sonrisa.
Todo visto lo llamo con tu nombre.
Te recuerdo cuando cruza ante mí un vientre materno y me sonríe.
Te extraño en el caminar de dos juveniles que susurran al oído.
Ilusiono con la conversa de bustos encarados en el agua,
como raíces brotadas en la arena.
En fin,
te mezo en mis pensamientos en esta tarde larga que se muerde incompleta,
porque faltas.
Inspirado y Dedicado a M….
