
XXIII
En tu cintura conversan dos mariposas.
Propusiste delegar en mí su cuido
a cambio de una mirada cercana.
Acepté colmado de primer amor…
Entregué mis ojos a tu espalda noble
y rodaron por tu corteza hasta la cintura.
Ahora te queda pintada la piel de iris castañas,
y tus mariposas se vuelven mías y confiadas
y te contemplan…,
desde la cuenca de mis ojos.
Inspirado por, y Dedicado a una lejana amiga: M….
