
XXII
te extraño hondamente
y tu ausencia ha cansado mis hombros.
Cuánto daría por apretar tus mejillas mías.
Oler tus trenzas o un lado de tu cuellito.
Limpiar tus manos, o tomar una de ellas.
Perder en una lucha de pestañas para divertirte.
Amagar con tono misterioso para verte correr… Sólo correr.
Qué no daría por encariñarme de nuevo
con el ápice de la lengua que se asoma por tu melladura al hablar.
Tu voz…: me hace tanta falta escuchar ese ‘papá’ de tu propia melodía.
Cada día pido a Dios que cruces el mar
y que agotes esos segundos durante
los que me ordenes: ‘Papá, estoy aquí, ven búscame’.

1 comentario
Mayo 8, 2008 a las 3:36 am
Puedo ver cada imagen y mi corazon rie de ternura y tristeza…debes ser un padre como ninguno