XIX
Toma mis versos como la entrega de una rosa roja,
o como el beso galante en el dorso de la mano.
Descubre en ellos cómo intento suavizar tu corazón,
ése que te esmeras en proteger y
en cuyo centro anidas el Miedo que te cuida.
En estas horas solitarias, mis palabras equivalen
al pretexto que te busca,
a la tibieza alcoholada que aflora en mi vientre
cada vez que recibo tu aniñada sonrisa,
ésa que me hace bajar la mirada y leer de un grupo de piedrecillas
esparcidas en el suelo, algún mensaje diminuto que me fortalece.
Cuando miro mis manos hambrientas… quizás de amor,
de ellas brota la primera letra de tu nombre,
así como la fascinación de mi mirada a tu cuello corto.
Muy cortas veces, la coincidencia existe
y la Bendición…, que nace de pronto,
dirige nuestra vida.
Por eso…, no mires la turbidez de las aguas
y desata de ti el Miedo, ése arrinconado en tu pecho.
Y si el Temor del Pasado reclama apartarte,
entonces, susúrrale que estos versos sólo nacieron de pensar en ti…,
y nada más.
Dedicado a M…
