Septiembre 27, 2006...3:42 am

Agonía de Pasada

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XII
Llovízname despacio con la boca que Dios te ha regalado.
Y no me gotees con sombras, o con frío…,
sino hirviente como niño nacido.
Gota a gota como la demora de los días.
No dejes que agonicen solitarios mis labios.
Revívelos con el soplo de tu aliento, de la misma forma Dios hizo contigo.

Recuerda que el olvido del regador acrecienta la aridez de la tierra.
No permitas que antes de levantarme, la piel de mis labios se haya surcado sola.
Si no ennegreces el cielo de tu boca,
si no tumbas en cascada la llovizna de tu toque…,
entonces, convierte la nube de tus labios en granizo,
reviéntame con su fuerza y pulveriza toda mi boca,
y no dejes rastro de ella…, porque no sirve.

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